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NORD STEAM II, LA BATALLA POR EL GAS NATURAL EN EUROPA



Pablo Javier Barragán Ordóñez

Abogado & Máster en Relaciones Internacionales




El 10 de septiembre de 2021 finalizó la construcción e instalación del gasoducto ruso Nord Stream 2, de 1.230 kilómetros que conecta los países de Rusia y Alemania, con un costo de 12 mil millones de dólares, financiada por la estatal rusa Gazprom e inversionistas europeos. Este gasoducto se ha diseñado en paralelo al Nord Stream 1, que ya suministra gas natural ruso a Europa desde 2012. Se prevé que el proyecto Nord Stream 2 duplicará la capacidad del Nord Stream 1.


El gasoducto Nord Stream 2 es uno de los gasoductos marítimos más largos del mundo que atraviesa el Mar Báltico, aguas territoriales y zona exclusivas de Finlandia, Suecia y Dinamarca. Cabe mencionar que, el gas ruso representa el 40% del gasto que se consume en Europa y, el 60% de este se conduce hacia Alemania.


Este gigantesco proyecto de ingeniería no ha estado exento de críticas desde diversos sectores como el medioambiental que lo acusa de ser contaminante hasta incluso el político que lo señala de aumentar la influencia rusa en Europa y, sobre todo fortalecer la dependencia unilateral de Alemania hacia Rusia. Por su parte, Alemania considera vital la importación de gas natural ruso debido a su rentabilidad, menores costes de trasportación, cercanía geográfica y, enmarcada en una política orientada a la transición energética, prescindiendo de la energía nuclear en 2023 y, la del carbón en 2030.


En un mundo en emergencia por el cambio climático la resistencia de los grupos ambientalistas que buscan una política agresiva por las energías verdes, no tienen en cuenta la baja contaminación del gas natural. Expertos han demostrado que, el carbón expulsa a la atmosfera 820 toneladas de gas de efecto invernadero por cada gigawatio Gwh de energía producido mientras que, el petróleo 720 y el gas natural solamente 420.


Más allá de ello, el proyecto Nord Stream 2 ha enfrentado disputas económicas con países como Polonia, Ucrania, Letonia, Lituania, Eslovaquia y Estonia que abiertamente se han opuesto al mismo, ya que, de concretarse el proyecto dejarían de percibir ganancias por el derecho de tránsito del gasoducto. En el caso de Ucrania, este país percibió 2 mil millones de dólares por gastos de tránsito al permitir el transporte del gas ruso a Europa en el año 2020. A ello se suma el hecho que, pese a la modesta modernización de sus redes y sus estaciones de compresión gracias a los créditos y a la ingeniería alemana; al culminarse el nuevo gasoducto ruso, Kiev prevé 7 mil millones de euros anuales en pérdidas. En ese contexto, Ucrania y demás países de la zona temen ceder su cuota de mercado y perder su oportunidad de negocios, ya que la ruta del proyecto Nord Stream 2 no pasará por sus territorios.


Al margen de ello, Moscú y Kiev acordaron extender los contratos de tránsito del gas natural hasta el año 2025, únicamente para los gasoductos que se encuentran operativos y en funcionamiento. Cabe recordar que muchos gasoductos operan desde los tiempos de la Unión Soviética.


Sin embargo, para la ciudad de Sassnitz -principal accionista del puerto en Alemania- se asegura que los ingresos derivados de la construcción del Nord Stream 2 se duplicarán. Asimismo, se estima que el impuesto comercial una vez culminado el proyecto, representará hasta un 35% de los ingresos en la alcaldía de Lubmin – Alemania; antigua zona de influencia soviética, ubicada en Alemania del Este.


En cuanto a los desafíos técnicos y logísticos que ha afrontado el proyecto Nord Stream 2, se encuentran los causados por las amenazas a las sanciones estadounidenses en la administración republicana de Donald Trump, impuestas a las empresas rusas y todas aquellas que se encontrasen involucradas en el proyecto. Sin embargo, la actual administración demócrata de Joe Biden ha condonado algunas sanciones a ciertas empresas rusas y alemanas.


Cabe indicar que en el proyecto han participado cerca de 200 empresas privadas y 18 países, de los cuales, Suiza –empresa Allseas- abandonó el proyecto ante la amenaza de las sanciones estadounidenses en el año 2019, a las que siguieron 18 empresas europeas que salieron del proyecto por el miedo a las sanciones de EE.UU. lo que originó el retraso en el proyecto.


En ese contexto, para el Director del Fondo Nacional de Seguridad Energética de Rusia, Kostantin Simonov quien asesora a la estatal rusa Gazprom -propietaria del proyecto Nord Stream 2-, indica que, el primer obstáculo que se afrontó fue técnico debido a la capacidad de Gazprom para colocar la tubería a grandes profundidades y las barcazas para su tendido. Afirma que no disponían de los equipos de soldadura apropiados.


Adicionalmente señala que, las amenazas de las sanciones estadounidenses se enfocaron en las compañías de certificación de equipos y de seguros, por lo que, se creó una empresa para ello a principios de 2020, específicamente para asegurar el Nord Stream 2. Esta maniobra le permitió a Rusia ahorrar 1.900 kilómetros, reduciendo los costos de explotación; excluyendo a Ucrania como país de tránsito.


Sin embargo, tras la reciente visita de la Canciller alemana Angela Merkel a Estados Unidos, acordó con su homólogo norteamericano el levantamiento de las sanciones a las empresas que trabajen en el proyecto ruso, con lo cual se dio luz verde a la terminación del mismo. Esta decisión obedeció a que EE. UU. había sancionado a uno de sus propios socios como Alemania y sus empresas involucradas en el proyecto, a más de reconocer que el proyecto estaba ya casi culminado.


En ese contexto, EE. UU. no impedirá la construcción del gasoducto, dejando a salvo la protección de sus intereses por otros medios, como el empleo de nuevas sanciones. Además EE. UU. ha enfatizado que dicho proyecto a más de afectar sus intereses, perjudica la relación bilateral de Alemania con sus aliados. Finalmente, en los planos geo-político, geo-económico y geo-estratégico, la Casa Blanca ha advertido a Moscú utilizar el gasoducto como un arma política e influencia a raíz de la dependencia al gas natural, el cual es, más económico y menos contaminante.


Estas declaraciones según el gobierno alemán y ciertos sectores en el Parlamento europeo, atentan la soberanía de los Estados, por lo que han condenado las interferencias extranjeras en las políticas energéticas que se lleven a cabo dentro del bloque comunitario, por lo que urgen en el respeto del derecho internacional y a contribuir a la cooperación. Voces contrarias en cambio, sostienen que el proyecto ruso amenaza la seguridad geo-política de Ucrania y Polonia; y la seguridad energética europea.


Ante lo acordado entre Washington y Berlín, la visita del presidente ucraniano a EE. UU. Volodimir Zelenski a Washington el 30 de agosto de 2021 no frenará lo acordado. Sin embargo, Alemania se ha comprometido invertir en la transformación energética en Ucrania y en un Fondo alemán por un valor de mil millones de euros, a más de solicitar al gobierno ruso la prórroga de los contratos vigentes entre la empresa rusa Gazprom con Ucrania hasta 2024.



Es pertinente indicar que, Alemania depende del gas ruso en un 60%, mientras que Finlandia y Rumania un 100%, entre otros países de la zona. El gas natural ruso es de relevancia para Alemania toda vez que es el país con más industrias en todo el continente europeo, configurándose una estrecha interdependencia entre ambas naciones.


Ante los intentos de diversificación y la competencia por el mercado del gas natural en el territorio europeo, también ha surgido la iniciativa norteamericana por formar parte del sector energético al impulsar el consumo de su gas natural licuado GNL, obviamente más costoso para la importación europea. Este hecho obedece a que para el año 2025 Europa importará sobre el 80% del combustible que necesita para todo su sector productivo.


En ese marco, la propuesta estadounidense para la venta de GNL, por el momento no es rentable debido a que los costos de transportación en buques cisterna - barcos metaneros es hasta un 70% más costoso que el gas natural importado a través del gasoducto ruso. Por ende, existe preferencia a Rusia al ser un productor de gas natural cercano y económico; inclusive la gran mayoría de la flota marítima se concentra en la región asiática.

Cabe señalar que este recurso energético, como lo es el GNL, en el año 2019 alcanzó inversiones por un valor de 50 mil millones de dólares, según el Director Internacional de la Energía Fatih Birol; lo que va a representar una fuerte influencia en la pugna por el abastecimiento de GNL y gas natural a la región euro-asiática en la próxima década. Sólo en Asia se consume el 70% del GNL que se emplea en todo el mundo, principalmente Japón, pero previsiones señalan que sólo China lo superará en 2022.


En ese impulso se encuentra el agresivo reposicionamiento de EE. UU. en el sector del GNL ya que en el año 2018 representó un 5% de las importaciones europeas y, un año después alcanzó un 15% debido a los estímulos y subvenciones federales.


En suma, en la próxima década países como Rusia y EE. UU. principales productores y exportadores mundiales de gas natural y GNL marcarán el paso en el competitivo mercado energético en la región euro-asiática.




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