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  • PETROENERGÍA

La Geología en la Gestión de Riesgos de Desastres

Darío Calderón Romero, Analista Técnico del Instituto de Investigación Geológico y Energético



Figura 1. Efectos del terremoto del 16 de abril de 2016 en la provincia de Manabí.

Fuente: Noticias al instante Esmeraldas, 2016.


En diferentes épocas, cada sociedad ha convivido con riesgos y desastres [1]. Tanto la bibliografía, como las investigaciones (principalmente en América Latina y El Caribe), definen mayormente al riesgo (R), en función de la amenaza (A), por la vulnerabilidad (V), mediante la relación: R = A * V [2].


Se considera como amenaza, al factor de riesgo externo al que están expuestos uno o varios elementos, se expresa como la probabilidad de que un suceso se presente con cierta intensidad, en un sitio específico y un periodo de tiempo definido. Por su parte, la vulnerabilidad se entiende como un factor de riesgo interno, es la probabilidad de que un sistema o sujeto expuesto, sean afectados por el suceso que caracteriza la amenaza [3].


Las amenazas según su origen se dividen en naturales, antrópicas y sociales (Figura 2); debido al enfoque de este artículo, se enfatizan las amenazas de origen natural. Sin embargo, por ser un factor que incrementa ampliamente la vulnerabilidad, mencionaremos que, según el Glosario de Términos de Gestión de Riesgos [4], las amenazas antrópicas son aquellas cuyo origen se debe total o parcialmente a las actividades y decisiones humanas.


Por su parte, y como su nombre lo indica, las denominadas amenazas naturales están asociadas con la posible ocurrencia de procesos propios de la dinámica interna o externa del planeta. De acuerdo con Cardona [3], usualmente no se puede intervenir en su mecanismo de origen, aunque eventualmente puede existir algún tipo de control. Estos sucesos se producen en su mayoría de manera súbita o repentina y suelen estar interrelacionadas entre sí, es decir, la ocurrencia de un evento puede desencadenar otros.



Figura 2. Eventos generadores de amenaza. Modificado del Glosario de Términos de Gestión de Riesgos de Desastres [4].

Los eventos naturales generadores de amenaza de acuerdo con su origen se clasifican en:


a) Eventos geodinámicos: pueden ser endógenos o exógenos, dependiendo si son generados por la geodinámica interna o externa de la Tierra, siendo las erupciones volcánicas, los terremotos y los deslizamientos los que generan mayor afectación.

b) Eventos hidrológicos: están relacionados con la dinámica del agua tanto en superficie como al interior de la corteza terrestre, esto provoca que algunas zonas sean propensas a sufrir inundaciones y desbordamientos, en tanto que, otras sufran los efectos de las sequías y la desertificación.

c) Eventos atmosféricos: son eventos climáticos con cambios fuertes de temperatura y eventos de interacción oceánico-atmosférica como el fenómeno de El Niño.


Cardona [5], también señala que, las Ciencias Naturales consideran “desastres naturales” a algunos eventos extremos, que se producen de forma cíclica y son difíciles de prevenir, además de generar daños y afectaciones a personas, infraestructuras, medios de vida y al ambiente.




Figura 3. Efectos de un deslizamiento en el barrio Tambán del cantón Chimbo (diciembre de 2021)

Fuente: IIGE, 2021


Los países andinos que presentan una morfología parecida entre sí, poseen zonas bajas y planas como la amazonia y la costa, las cuales están expuestas a inundaciones; mientras que, por su topografía irregular y empinadas pendientes, la sierra o zonas altas son susceptibles a la generación de movimientos en masa, como el que se observa en la Figura 3.


Paucar [2], al igual que otros autores señala que, la zona de subducción entre las placas tectónicas de Nazca y Sudamericana, genera la presencia de volcanes activos en la región, así como la ocurrencia de sismos y tsunamis. Además, la influencia de las corrientes marinas de El Niño y de Humboldt en las costas del Océano Pacífico, puede propiciar eventos extremos, en el primer caso con lluvias torrenciales que ocasionan inundaciones y movimientos en masa, mientras que, la segunda puede causar sequías.


Ecuador es un país con alta probabilidad de afectación por este tipo de eventos negativos, así lo demuestran casos como el fenómeno El Niño ocurrido en los años 1982-1983 que duró 11 meses o el de los años 1997-1998, considerado el más largo del siglo XX con una duración de 19 meses; el sismo de 1987, que ocasionó daños en el Oleoducto Transecuatoriano; el “desastre de la Josefina” generado por un deslizamiento que ocasionó un represamiento y posterior desfogue del río Paute; además, de los procesos eruptivos de los volcanes Tungurahua, Guagua Pichincha y Reventador, entre otros eventos que han afectado el desarrollo a nivel local y nacional [2].


Ante la ocurrencia de estos eventos, Ecuador se vio en la necesidad de incorporar a la Gestión de Riesgos como parte de su política de Estado. Así, en la Constitución de la República del año 2008 [6], se señala en el artículo 389 que: “El Estado protegerá a las personas, las colectividades y la naturaleza frente a los efectos negativos de los desastres de origen natural y antrópico mediante la prevención ante el riesgo, la mitigación de desastres, la recuperación y mejoramiento de las condiciones sociales, económicas y ambientales con el objetivo de minimizar la condición de vulnerabilidad”.


El desastre con origen natural más reciente ocurrido en el país, fue el terremoto del 16 de abril de 2016, que tuvo su epicentro en la localidad de Pedernales, provincia de Manabí (Figura 1), registró una magnitud de 7.8 en la escala de Richter y según datos del Servicio Nacional de Gestión de Riesgos [7], dejó 663 fallecidos, 9 desaparecidos, más de 6 000 heridos y casi 30 000 personas con necesidad de albergue.


Por lo expuesto, se establece que la relación entre la Geología y la Gestión de Riesgos está condicionada por el tipo de riesgo a tratar, puesto que, cada evento tiene diferentes orígenes, detonantes e impactos. Cada trabajo constará de una etapa teórica y de investigación que permita conocer las características, tanto del evento, como de la zona afectada, mediante la observación directa en campo, como se muestra en la Figura 4; y otra parte práctica y aplicada, que permita prevenir y mitigar el impacto del riesgo antes de su ocurrencia, o en su defecto tomar las medidas adecuadas para la recuperación y reconstrucción cuando el evento ya ha sucedido.



Figura 4. Técnicos del IIGE evaluando el deslizamiento del barrio Tambán, cantón Chimbo

Fuente: IIGE, 2021


Las herramientas aplicadas en labores de Gestión de Riesgos, no son diferentes a las que se utilizan en otras áreas de la Geología. Dependiendo de la magnitud y tipo de evento, pueden ir desde técnicas estratigráficas, uso de sistemas de información geográfica (SIG), estudios geofísicos, geotécnicos, hidrogeológicos, mapeo a detalle o semidetalle, análisis de movimientos en masa, entre otros. Barrera [8], señala que, lo que diferencia un caso de otro es la forma de utilizar dichas técnicas o herramientas y la forma como se relacionan entre ellas.

Es importante que todos los trabajos se realicen de forma integrada, mediante equipos multidisciplinarios formados acorde a las necesidades del riesgo, de manera que permitan la articulación entre las instituciones involucradas, con el fin de optimizar tiempo y recursos, sin embargo, esto no implica que se pueda prescindir de los profesionales adecuados para cumplir funciones específicas, en referencia a esto Barrera [8], señala que, la actuación de profesionales ajenos a la Geología hace que se omitan eventos potencialmente peligrosos o se tomen medidas “sobre el papel”, sin realizar los estudios adecuados.


Cardona [5], agrega que este tipo de eventos no deben ser considerados como “extraordinarios”, con el fin de evitar que la población o incluso las autoridades, los cataloguen como “caso fortuito”, influyendo en la percepción social y provocando una predisposición a evadir su responsabilidad ante los riesgos y los desastres.


Bajo esta premisa, se debe considerar la importancia de la Geología a la hora de investigar riesgos potenciales y mitigar sus posibles consecuencias, lo que otorga a la Geología una dimensión social incuestionable. Debido a la complejidad de los procesos geológicos, la experiencia y capacidad del profesional dedicado a la Gestión de Riesgos será clave para su trabajo; puesto que, los fenómenos teóricamente sencillos se vuelven complejos cuando se enfrenta el problema en el campo.


La Geología aplicada en la Gestión de Riesgos, está encaminada a evaluar la posibilidad de ocurrencia de eventos geológicos peligrosos, que puedan variar las condiciones sociales, económicas y ambientales; por lo tanto, está dirigida a interpretar adecuadamente el origen de las amenazas, entender los factores geológicos desencadenantes de riesgo, brindar información que permita reducir la vulnerabilidad de la población e infraestructura y evitar o minimizar los efectos que producen los riesgos geológicos.


En su momento el Instituto Nacional de Investigación Geológico, Minero, Metalúrgico (INIGEMM), hoy Instituto de Investigación Geológico y Energético (IIGE) durante 2006 y 2007, instaló extensómetros artesanales para monitorear periódicamente una amenaza por movimiento en masa en el cerro Iguazú, de la comunidad Tumba San Francisco [9]. Los estudios realizados determinaron la existencia de una falla geológica de aproximadamente 600 metros de longitud [10]. Con el análisis de los datos generados se determinó que algunos deslizamientos se encontraban activos y presentaban movimiento, esta información fue un aporte cuando se consideró necesario reubicar a la población que se encontraba en condición de vulnerabilidad.


Considerando la ciclicidad de muchos de estos eventos, es primordial conocer en profundidad la historia geológica detrás de las catástrofes y aumentar el registro de datos en intervalos temporales mayores a los existentes actualmente con el fin de aprender de los eventos ocurridos en el pasado y en lo posible, minimizar la vulnerabilidad y aumentar la resiliencia cuando estos se repitan.



Referencias Bibliográficas


[1] B. L. Zavala Carrión and D. Churata Quispe, “Geoparques: contextos ideales para la difusión de la geología y la gestión de riesgos geológicos.” Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico - INGEMMET, 2015. Accessed: Jun. 20, 2022. [Online]. Available: https://repositorio.ingemmet.gob.pe/handle/20.500.12544/2266#files

[2] A. Paucar, “Modelo para la articulación de la Gestión del Riesgo en el proceso de Ordenamiento Territorial de la ciudad de Guaranda / Ecuador,” 2016.

[3] O. Cardona, “Teoría del Riesgo y Desastres,” 1992, pp. 61–92.

[4] Secretaría de Gestión de Riesgos, “Glosario de Términos de Gestión de Riesgos de Desastres Guía de Consulta.” Samborondón, 2018. [Online]. Available: https://www.gestionderiesgos.gob.ec/wp-content/uploads/downloads/2019/01/GLOSARIO-DE-TÉRMINOS-DE-GESTIÓN-DE-RIESGOS-DE-DESASTRES-GUIA-DE-CONSULTA.pdf

[5] O. D. Cardona, “La necesidad de repensar de manera holistica los conceptos de vulnerabilidad y riesgo: ‘Una crítica y una revisión necesaria para la Gestión,’” Int. Work. vulnerability Disaster Theory Pract., 2001.

[6] “Constitución de la República del Ecuador.” 2008.

[7] SNGR, “INFORME DE SITUACION N°71 del 19/05/2016 (20h30) Terremoto 7.8 ° - Pedernales,” vol. 2016, no. 5, p. 15, 2016, [Online]. Available: http://www.gestionderiesgos.gob.ec/wp-content/uploads/downloads/

[8] J. L. Barrera, La profesión de geólogo. 2009.

[9] T. Mayorga Torres and G. Platzeck, “Aplicación de interferometría diferencial de radar de apertura sintética (DInSAR) como una herramienta para detectar deslizamientos en una región de los Andes en Ecuador.,” Pyroclastic Flow, vol. 4, no. January 2016, pp. 5–15, 2014.

[10] G. S. J. Zambrano and C. A. J. Santillán, “La Dinámica Cultural y la Prevención de Riesgos de la Población Tumba San Francisco – Quimiag, Provincia de Chimborazo. Su Resiliencia ante Fenómenos Adversos en el año 2010 – 2011,” Eur. Sci. Journal, ESJ, vol. 13, no. 8, p. 99, 2017, doi: 10.19044/esj.2017.v13n8p99.


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